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Cuento argentino · Crear entre amigos

La ronda de las ideas

Para leer en compañía o a tu ritmo. Al final te espera una idea para seguir imaginando.

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Portada de La ronda de las ideas

La historia

En el club del barrio había una hoja enorme sobre la mesa. La coordinadora había propuesto inventar un cuento entre todos. Juana dibujó enseguida un dragón. Simón trazó las vías de un tren. Lolo agregó una tortuga en una esquina y se quedó pensando cómo sería su casa.

El problema empezó cuando quisieron elegir la aventura. Juana quería que el dragón volara hasta un castillo. Simón decía que necesitaban una estación. Lolo no quería que la tortuga quedara atrás. Cada uno acercó su dibujo al centro de la hoja, hasta que los tres quedaron encimados.

La coordinadora les pidió que miraran lo que había aparecido. Parecía que el dragón estaba dentro del tren y que la tortuga esperaba en el andén. Durante unos segundos nadie dijo nada. Después Juana preguntó por qué un dragón capaz de volar necesitaría viajar en tren. Esa pregunta les dio un comienzo.

Decidieron que el dragón llevaba una torta para el cumpleaños de su abuela. Si volaba, el viento apagaría las velitas antes de llegar. Simón dibujó un vagón especial, con ventanas pequeñas y una mesa. Lolo señaló que todavía faltaba alguien que conociera el camino hacia la casa de la abuela.

La tortuga se convirtió en guía. Había recorrido aquellos senderos muchas veces y recordaba una estación diminuta escondida entre plantas. Pero, a mitad del viaje, encontraron un puente roto. Juana propuso que el dragón lo arreglara de un soplido. Simón recordó que su fuego podía quemar las vías.

Buscaron otra solución. La tortuga conocía un paso antiguo; el tren podía llevar a todos hasta allí y el dragón podía trasladar las tablas caídas. En el cuento, trabajaron juntos para reparar el puente sin acercar fuego. Mientras dibujaban esa parte, los tres chicos tuvieron que prestarse lápices y sostener la hoja para que no se moviera.

La abuela recibió la torta con todas sus velitas. Invitó al maquinista y a la tortuga a quedarse. Al elegir el título, Lolo propuso «El viaje que nadie inventó solo». Esta vez estuvieron de acuerdo enseguida. En una esquina dejaron un vagón vacío. Tal vez otro día alguien quisiera subir un personaje nuevo y contar adónde iba.

Un grupo inventa un cuento con un dragón, un tren y una tortuga.

Cuento publicado bajo el nombre de Adolfo Benjamin Kunjuk, preparado para Semillero de Historias con asistencia de IA. Es ficción original; las leyendas imaginadas no se presentan como relatos tradicionales.

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