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Cuento · Para leer juntos

La semilla que tenía apuro

Para leer en compañía o a tu ritmo. Al final te espera una idea para seguir imaginando.

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Portada de La semilla que tenía apuro

La historia

Lila eligió una maceta amarilla porque parecía un pedacito de sol. Su abuelo la ayudó a llenarla de tierra y a sembrar una semilla. Ella puso al lado una silla pequeña. Quería estar cerca cuando apareciera el árbol. Había preparado incluso un nombre para la primera rama: Ramona.

Esperó hasta la merienda. Después de la merienda esperó otro rato. La tierra seguía igual. A la mañana siguiente acercó una regla, aunque todavía no había nada que medir. Preguntó si la semilla se habría quedado dormida. Su abuelo respondió que por fuera no siempre se veía todo lo que estaba pasando.

Lila pensó en despertarla con una canción. Cantó bajito y luego un poco más fuerte. El gato se fue a otro rincón, pero la semilla no apareció. Entonces buscó una cucharita para sacarla y comprobar que siguiera allí. Su abuelo llegó justo cuando ella iba a tocar la tierra.

Le propuso cuidar la maceta sin desarmar lo que había debajo. Revisaron juntos dónde ponerla y cuándo necesitaba agua. Lila quería regar cada vez que pasaba cerca. Aprendió a comprobar primero cómo estaba la tierra. Dejó la cucharita en la cocina y buscó otra cosa para hacer durante la espera.

En una hoja dibujó el árbol que imaginaba: tenía una hamaca, un nido enorme y una escalera para las hormigas. Al día siguiente añadió una casa entre las ramas. Después hizo una página para cada visita a la maceta. Casi todas parecían iguales, pero en una dibujó al gato dormido y en otra una sombra de la ventana.

Una mañana encontró una puntita verde. Llamó al abuelo tan fuerte que él llegó con una zapatilla puesta y la otra en la mano. Se inclinaron para mirar. El brote era mucho más pequeño que el árbol dibujado. No podía sostener ni una hormiga en una hamaca, mucho menos la casa de las ramas.

Lila trajo un lápiz y empezó un dibujo nuevo. Esta vez hizo dos hojitas y un tallo finito. Escribió la fecha con ayuda de su abuelo. Guardó el árbol enorme para más adelante y dejó junto a la maceta el retrato del brote. La silla pequeña seguía allí, pero ahora Lila se sentaba solo un ratito: tenía un jardín de dibujos que continuar.

Ilustración de La semilla que tenía apuro

Cuento publicado bajo el nombre de Adolfo Benjamin Kunjuk, preparado para Semillero de Historias con asistencia de IA. Es ficción original; las leyendas imaginadas no se presentan como relatos tradicionales.

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