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Cuento argentino · Patagonia

La bufanda del lago

Para leer en compañía o a tu ritmo. Al final te espera una idea para seguir imaginando.

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Portada de La bufanda del lago

La historia

Emma salió de la cabaña con dos medias distintas y una pregunta: ¿por qué el lago estaba tapado? Había llegado a la Patagonia la tarde anterior y desde la ventana había visto un agua azul inmensa. Esa mañana, una franja de niebla escondía buena parte de la orilla de enfrente.

Su papá le explicó que estaban mirando niebla. Emma hundió la nariz en su propia bufanda. El aire estaba frío. Entonces imaginó que el lago también había buscado algo para abrigarse. Abrió el cuaderno y dibujó una bufanda tan larga que necesitó continuarla en la página de al lado.

Su hermano Lucas se sentó cerca. Preguntó qué iban a usar las montañas. Emma les dibujó gorros, uno rayado y otro con pompón. A los árboles les puso medias verdes. Lucas observó un rato y quiso saber dónde estaban los pies de los árboles. Emma señaló las raíces, aunque en el dibujo no se veían.

Pronto tuvieron un problema: la bufanda del lago tapaba el camino de un barquito imaginario. Lucas propuso cortarla. Emma no quería romper un abrigo recién hecho. Probaron dibujar un túnel, pero parecía una manga. Finalmente le agregaron un botón enorme que podía abrirse para dejar pasar a los barcos.

Una ráfaga movió el cuaderno y dio vuelta dos páginas. Los hermanos lo sujetaron entre ambos. En la hoja nueva inventaron al encargado de los botones: un pájaro pequeño con una escalera larguísima. Tenía tanto trabajo que Lucas le dibujó una taza de chocolate y una silla para descansar.

Cuando levantaron la vista, la niebla empezaba a despejarse. Aparecieron partes de la orilla, luego una fila de árboles y, por último, la montaña que Emma había vestido con el gorro rayado. En el paisaje real no había ningún gorro. En el cuaderno, el pompón seguía perfectamente colocado.

Emma escribió la fecha debajo de su dibujo. Su papá le preguntó qué quería recordar de aquella mañana. Ella miró el lago y después a Lucas, que todavía agregaba galletitas junto a la taza del pájaro. Decidió guardar las dos cosas: el paisaje que habían visto y la aventura que habían inventado mientras lo miraban.

Chicos abrigados con un cuaderno frente a un lago y montañas patagónicas.

Cuento publicado bajo el nombre de Adolfo Benjamin Kunjuk, preparado para Semillero de Historias con asistencia de IA. Es ficción original; las leyendas imaginadas no se presentan como relatos tradicionales.

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