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Cuento argentino · Una plaza de barrio

La biblioteca bajo el jacarandá

Para leer en compañía o a tu ritmo. Al final te espera una idea para seguir imaginando.

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Portada de La biblioteca bajo el jacarandá

La historia

Abril llegó a la plaza con una caja de libros que pesaba más de lo que esperaba. Su vecino Fede llevaba una manta y un cartel. Las familias los acompañaron hasta una mesa cerca del jacarandá. El suelo estaba lleno de flores violetas, como si alguien hubiera volcado allí una bolsa de papelitos.

Querían organizar una tarde de lectura. Acomodaron los cuentos por tamaño, después por color y después por tamaño otra vez. Fede sostuvo el cartel. Abril se sentó muy derecha, lista para recibir visitantes. Pasó una bicicleta, pasó un perro con su dueño y pasó una señora mirando la hora. Nadie se detuvo.

Abril pensó que el cartel era demasiado pequeño. Fede creyó que habían puesto los libros al revés. Mientras discutían cómo arreglarlo, una ráfaga movió varias páginas. Uno de los cuentos quedó abierto justo en el dibujo de una ballena dentro de una bañera. Fede empezó a leerlo en voz alta.

Una niña que caminaba con su hermano frenó para mirar. Quiso saber cómo había entrado la ballena. Fede continuó leyendo. Abril acercó otra silla. Cuando el cuento terminó, ya había varias personas alrededor y cada una tenía una idea diferente para sacar al animal sin inundar la casa.

La niña todavía no leía sola, pero eligió una página y contó lo que veía. Un chico mayor leyó un poema. Otro prefirió escuchar. Abril dejó de preguntar quién sabía leer y empezó a preguntar qué quería hacer cada visitante. La manta se convirtió en un rincón para mirar libros sin apuro.

Antes de terminar, descubrieron que faltaba un cuento pequeño. Lo buscaron debajo de la mesa, dentro de la caja y entre las sillas. Estaba sobre la manta, abierto frente a un abuelo y su nieto. Abril iba a apurarlos, pero vio que solo les quedaba una página. Se sentó con ellos para escuchar el final.

Guardaron los libros y dejaron la plaza limpia. Dentro del cuento de la ballena apareció una flor de jacarandá. Abril la acomodó entre dos hojas para secarla en casa. En la caja escribió qué libro había elegido cada grupo. Así, cuando volvieran a la plaza, sabrían por dónde podía empezar la próxima tarde de lectura.

Chicos comparten libros en una plaza con flores de jacarandá.

Cuento publicado bajo el nombre de Adolfo Benjamin Kunjuk, preparado para Semillero de Historias con asistencia de IA. Es ficción original; las leyendas imaginadas no se presentan como relatos tradicionales.

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