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Cuento argentino · Una aventura en la playa

El viento perdió una palabra

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Portada de El viento perdió una palabra

La historia

El viento apareció entre los tamariscos mientras Juli acomodaba sus juguetes en la playa. Hizo volar una hoja, despeinó a su primo y dio tres vueltas alrededor de una sombrilla. Aquel era un viento de cuento: podía hablar, aunque esa mañana se trababa cada vez que intentaba terminar una frase.

«Me falta una palabra», explicó. «La tenía hace un rato. Es una de esas palabras que hacen sentir bien a alguien». Juli miró debajo de su balde. Su primo revisó una huella en la arena. No encontraron ninguna palabra, pero sí una piedrita con forma de corazón.

Probaron decir nombres de cosas agradables. Helado. Vacaciones. Bizcochito. Cuando escuchó la última, el viento soltó una carcajada que sacudió las ramas. Ninguna era la que buscaba. Recordaba que la había usado después de recibir ayuda, pero no conseguía recordar de quién.

Entonces la gorra del primo empezó a rodar por la arena. Juli corrió unos pasos y la alcanzó antes de que se metiera debajo de una reposera. Él se la puso y volvió a jugar. El viento hizo un silbido bajito, como si hubiera estado a punto de reconocer una canción.

Un rato después, al primo se le desarmó un castillo. Juli le prestó la pala y sostuvo una pared con ambas manos. Después fue él quien ayudó a Juli a levantar una torre. El viento los miraba trabajar. Cada ayuda parecía acercarle la palabra, pero todavía se le escapaba.

Juli abrió su cuaderno. Dibujó la gorra, la pala y las dos torres. Debajo escribió lo que podía decirle a su primo por ayudarla. Leyó en voz alta: «Gracias». El viento se quedó tan quieto que hasta la sombrilla dejó de temblar. Luego movió suavemente una página. Esa era.

Quiso agradecerles con un gran remolino, pero recordó lo fácil que era desarmar un castillo. Les regaló, en cambio, una brisa fresquita. Los primos terminaron su ciudad de arena y guardaron juntos los juguetes. Cuando alguien les alcanzó la manta, los dos supieron qué palabra usar. Esta vez el viento no tuvo que dar ninguna pista.

Dos primos encuentran una palabra de agradecimiento en una playa con tamariscos.

Cuento publicado bajo el nombre de Adolfo Benjamin Kunjuk, preparado para Semillero de Historias con asistencia de IA. Es ficción original; las leyendas imaginadas no se presentan como relatos tradicionales.

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