Cuento argentino · Sierras de Córdoba
El puente de las preguntas
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La historia
Benja llegó al arroyo con una misión: contar todas las piedras del puente. Le gustaba anotar cantidades. Sabía cuántos escalones tenía la casa de su abuela y cuántas cucharitas entraban en el cajón de la cocina. Aquel puente de las sierras de Córdoba sería su descubrimiento más importante de las vacaciones.
Se acomodó junto a Malena y su tío, en un sector seguro de la orilla. Contó doce piedras, después diecisiete. Una enredadera tapaba una esquina. Había piedras pequeñas entre las grandes y otras que parecían una sola. Empezó de nuevo tres veces. En la cuarta cerró el cuaderno con un golpe.
Malena le preguntó qué le pasaba. Benja explicó que no podía terminar su investigación. Ella miró el puente y luego el agua. «Podemos investigar otra cosa mientras tanto», propuso. Quería saber por qué una hoja daba vueltas siempre en el mismo sitio, junto a una roca.
Observaron sin tocar el agua. La hoja giraba, se detenía y volvía a girar. Benja dibujó flechas en su cuaderno. Su tío les explicó que el agua encontraba caminos distintos alrededor de las piedras. Para recordarlo, Malena dibujó una fila de hormigas rodeando una miguita.
Después cerraron los ojos unos segundos. Debajo del puente se escuchaba un sonido hueco. Más cerca de ellos, el arroyo hacía ruiditos cortos. Benja escribió «glu, glu» en una página y «chic, chic» en otra. Malena dijo que a ella le sonaba como una olla de sopa. Se rieron tanto que tuvieron que volver a escuchar.
Al rato, una nube cambió la luz y apareció la esquina que tapaba la sombra. Benja pudo contar algunas piedras más. Ya no necesitaba terminar ese día. Había llenado dos páginas con dibujos, sonidos y una pregunta que ocupaba un renglón entero: «¿Adónde va el agua después de esta curva?».
De regreso, su tío les mostró el recorrido del arroyo en un mapa. Benja siguió la línea con el dedo hasta que llegó al borde de la hoja. Pidió otro mapa. Malena le prestó un lápiz azul. La investigación del puente estaba lejos de terminar, y ahora los dos querían continuarla.

Cuento publicado bajo el nombre de Adolfo Benjamin Kunjuk, preparado para Semillero de Historias con asistencia de IA. Es ficción original; las leyendas imaginadas no se presentan como relatos tradicionales.
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