Cuento argentino · Un humedal del Litoral
El carpincho y la hoja viajera
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La historia
Una hoja amarilla cayó al agua de un humedal del Litoral y enseguida decidió que era un barco. Tenía una punta levantada que parecía una proa y una nervadura larga que podía servir de pasillo. En aquel cuento, además, sabía hablar. Se presentó ante un carpincho como la capitana del barco más liviano del mundo.
El carpincho estaba descansando entre los pastos. La escuchó anunciar que llegaría al gran río antes de la merienda. No le preguntó qué merendaban las hojas. Apenas levantó una oreja cuando ella pasó flotando, muy orgullosa, junto a un grupo de juncos.
El viaje duró menos de lo esperado. Una ramita quedó atravesada sobre la hoja y la corriente la empujó contra un tallo. La capitana trató de avanzar por un lado, después por el otro. Solo consiguió girar un poquito. Desde allí ya no veía el camino por el que había llegado.
El carpincho se acercó hasta la orilla, sin entrar en el agua. La hoja le pidió que anunciara el final de su expedición. Pero justo entonces una libélula se apoyó en el junco. Tenía las alas tan finitas que dejaban pasar la luz. La capitana nunca había visto nada parecido desde tan cerca.
Mientras esperaba, descubrió una flor escondida, un caracol sobre un tallo y la sombra de un ave que cruzó por arriba. Se puso a nombrar cada lugar: Puerto de la Libélula, Bahía del Caracol, Sombra Voladora. Cuando el carpincho bostezó, decidió que aquel ruido sería la sirena del puerto.
Desde una pasarela, Alma observaba con su familia. Se quedaron a distancia de los animales y no les dieron comida. Alma dibujó la hoja atascada y le agregó un sombrero de capitana. Su hermano preguntó qué estaba esperando. Ella respondió que tal vez estaba conociendo a los vecinos antes de seguir.
Una brisa inclinó el junco. La ramita se deslizó y la hoja quedó libre. Pasó frente al carpincho sin tanta prisa y se alejó por una curva. Alma no pudo ver adónde llegaba. En su cuaderno dejó una página para continuar la aventura en casa. Primero, sin embargo, dibujó un mapa de todos los puertos que la capitana había descubierto sin moverse casi del lugar.

Cuento publicado bajo el nombre de Adolfo Benjamin Kunjuk, preparado para Semillero de Historias con asistencia de IA. Es ficción original; las leyendas imaginadas no se presentan como relatos tradicionales.
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